Un cronista atento a cada detalle

Prácticamente nadie conoce mejor la historia de la empresa familiar que Carsten Petersen. Como Brand Manager de Wempe Glashütte I/SA y director del museo propio, es un apasionado de los relojes y la ingeniería mecánica. Siempre está pendiente del tiempo, por decirlo de alguna manera. Solo en el ámbito privado, cuando está cuidando de sus caballos, deja deliberadamente el reloj a un lado.

Su presencia es imponente: con más de dos metros de altura, complexión atlética y manos grandes y poderosas, es imposible no fijarse en Carsten Petersen. Hijo de un agricultor cualificado que también poseía una empresa de coches de caballos, Petersen nació en la isla de Föhr, en el mar del Norte. Estas son dos profesiones a las que parece que podría dedicarse perfectamente. Pero en realidad, Petersen se dedica desde hace décadas a cosas mucho más pequeñas: los relojes y la perfecta interacción de cientos de piezas, casi siempre diminutas y delicadas, en sus movimientos mecánicos. La pasión por los medidores de tiempo y la técnica que los acciona apareció ya en su más tierna infancia, en la ciudad de Lübeck, donde el abuelo de Petersen regentaba una relojería. De niño, Petersen pasaba los días más felices de las vacaciones en el taller que se encontraba junto a la tienda. «Con seis años ya tenía claro que quería ser relojero», recuerda.

 Con seis años ya tenía claro que quería ser relojero

La historia de la empresa tiene forma de puzle

Por aquel entonces, el único programa de formación se impartía en Hamburgo. Por este motivo, Carsten Petersen se mudó a la gran ciudad. Allí, como chico de campo, en un principio se sintió extraño en el nuevo entorno. No obstante, aguantó y consiguió lo que se proponía: en cuanto terminó la formación como relojero, la empresa Wempe le contrató, donde también se formó como comerciante al por menor y pronto fue trasladado a la central de la empresa, situada en la Steinstrasse.

Su primera tarea fue la de preparar información técnica sobre nuevos modelos de reloj para las tiendas Wempe. Pero sus superiores no tardaron en darse cuenta de que su interés por la relojería iba mucho más allá, puesto que el joven era un miembro activo de la Sociedad Alemana para la Cronometría, coleccionaba ejemplares antiguos de literatura especializada y había adquirido un profundo conocimiento en torno a la relojería.
«Wempe es una empresa familiar», explica Petersen. «Aquí todos hablamos con todos. La dirección de la empresa tiene una imagen muy clara del talento y el interés que cada trabajador aporta». Carsten Petersen es uno de los primeros «sommeliers de relojes». Este título tan especial se otorga en la empresa únicamente a los expertos en relojes con mayor pericia. Este selecto grupo de trabajadores cuenta con ciertas ventajas, como por ejemplo la posibilidad de ampliar sus conocimientos de manera regular con proveedores internacionales y manufacturas suizas. También se realizan visitas a los talleres correspondientes, para realizar evaluaciones de la calidad y adquirir los conocimientos específicos. Para Carsten Petersen, poder conocer de primera mano las marcas de relojería líderes es una de las ventajas más apasionantes de ser sommelier.

Carsten Petersen también ocupa el puesto de cronista de la casa. A partir de libros, documentación antigua y correspondencia comercial ha reconstruido los más de 135 años de historia de la empresa. «A veces es una tarea similar a hacer un puzle», admite mientras se alegra visiblemente pensando en las próximas piezas. «Acabo de descubrir en el sótano una caja entera con documentación».

Viaje de compras con el propietario de Wempe

Cuando Wempe decidió crear un pequeño museo propio y comenzó a buscar piezas para la exposición, Petersen se embarcó en un viaje internacional con el propietario de la empresa, Hellmut Wempe, para realizar las adquisiciones pertinentes. En mercadillos, mercados de intercambio de relojes y en Internet encontraron numerosas piezas que documentaban la historia de la empresa en el contexto de su tiempo. En la exposición del museo se exponen, a lo largo de dos pisos, balanzas para diamantes históricas, relojes de pulsera de lujo poco comunes, relojes de aviador clásicos, cronómetros marinos Wempe y joyas. Estas piezas se complementan con fotografías y viejos anuncios de prensa de la empresa familiar. Petersen ha sido el comisario desde su inauguración en 2011, y sigue realizando adquisiciones: «En las casas de subastas más modestas —explica— siempre se encuentran piezas interesantes». Además, Petersen escucha historias de lo más fascinante a través de las ventas privadas. Por ejemplo, la de unos jóvenes marineros que sobrevivieron a un naufragio gracias a que en el bote salvavidas utilizaron un reloj de pulsera comprado en Wempe para navegar.
Hace mucho tiempo que Carsten Petersen se reconcilió con la ciudad de Hamburgo. Adora el barrio de Kontorhaus, en el que se encuentra el edificio protegido de la sede central de Wempe. Muy cerca de aquí se halla uno de los lugares preferidos de Petersen, con vistas a la Speicherstadt —el barrio de almacenes repleto de imponentes edificios expresionistas de ladrillo de las grandes casas comerciales de Hamburgo—, a la Filarmónica del Elba y, naturalmente, al agua: «También me gusta esta zona porque también muestra el espíritu de la ciudad: amplitud de miras y visión de futuro».

El tiempo libre es mejor disfrutarlo sin reloj

En su oficina, Petersen se dedica a sus tareas como Brand Manager de Wempe Glashütte I/SA, con sus dos líneas de relojes propias. Es especialmente idóneo para este cometido tan exigente, ya que la larga tradición relojera de la empresa está estrechamente relacionada con la tecnología verificada de cronómetro de todos los medidores de tiempo Wempe y, en algunos casos, también con el diseño.

Petersen es un hombre realmente ocupado, pero cuando llegan visitantes a la central de la empresa, popularmente conocida como «Gülden Gerd» («Gerd de oro» era el apodo del fundador de la empresa, Gerhard D. Wempe), está encantado de guiarles personalmente por el museo o el taller. Recibe con especial alegría a los visitantes más jóvenes: «a veces nos visitan grupos de niños de guardería. Construyo con ellos relojes de sol en la sala de conferencias y hablamos sobre el tiempo, de tal forma que siempre suelo aprender alguna cosa nueva», cuenta entusiasmado.

¿Hay algún momento en el que, como experto, pueda prescindir del reloj? «Por supuesto, yo mismo busco estos instantes», explica, «de lo contrario, en algún momento ya habría perdido el interés por los relojes». Petersen ha traído a Hamburgo los caballos del negocio de carruajes desaparecido de su padre. «Ya han recorrido una gran cantidad de kilómetros», explica, así que no quiere atosigarlos con demasiados viajes, pero los visita prácticamente a diario en los pastos, y en estos momentos va sin reloj a propósito. Carsten Petersen explica que «el simple hecho de quitar con la pala un montón de estiércol mientras se pierde la noción del tiempo» es realmente satisfactorio.
Wempe Glashütte I/SA

Wempe utiliza cookies para que su experiencia online sea lo más agradable posible. Si continua navegando, entendemos que está de acuerdo con nuestra política de utilización de cookies. Más información

si